Isabel Díaz Ayuso parte como favorita para volver a ganar las elecciones autonómicas de Madrid en 2027. Pero el verdadero desafío ya no parece ser quedar primera: será conservar la mayoría absoluta. Los resultados de 2023, la evolución de VOX, la participación y la enorme diferencia entre el voto autonómico y municipal del PP muestran dónde puede decidirse la próxima elección.
A primera vista, Isabel Díaz Ayuso afronta 2027 desde una posición privilegiada. El PP domina electoralmente la Comunidad de Madrid, la oposición continúa fragmentada y los sondeos publicados durante 2026 siguen situando a la presidenta como clara favorita.
Pero esa fotografía puede ser engañosa.
Porque en las próximas elecciones ganar Madrid puede no ser suficiente.
La verdadera batalla será alcanzar la mayoría absoluta que permita a Ayuso continuar gobernando sin depender de VOX.
Y, al mismo tiempo, el PP madrileño tendrá otro desafío: conseguir que la enorme capacidad electoral de Ayuso se traslade con mayor intensidad a sus candidatos municipales.
Los resultados de 2023 muestran que la presidenta corre bastante más que muchos de ellos.
Pero existe una hipótesis todavía más interesante: una parte de los votos que obtuvieron esos candidatos municipales también pudo llegar gracias al arrastre electoral de Ayuso.
Eso cambia completamente la lectura de 2027.
De los 68 de 2023 a la posible barrera de 72
En mayo de 2023, el PP consiguió 1.599.186 votos, el 47,32% y 70 diputados. Más Madrid obtuvo 27 escaños con el 18,36%; el PSOE otros 27 con el 18,17%; y VOX 11 con el 7,34%. Podemos-IU-Alianza Verde, con un 4,76%, quedó fuera de la Asamblea al no superar la barrera electoral del 5%.
Ayuso consiguió así una mayoría absoluta que entonces estaba situada en 68 diputados.
Pero 2027 presenta una matemática diferente.
El crecimiento poblacional incrementará previsiblemente el número de diputados. Algunos sondeos ya trabajan con una Asamblea de 143 escaños, lo que situaría la mayoría absoluta en 72 diputados. Sigma Dos proyectó precisamente ese escenario: entre 73 y 74 diputados para el PP, entre 27 y 28 para el PSOE, entre 26 y 27 para Más Madrid y entre 16 y 17 para VOX.
Ese dato resume perfectamente el problema.
Ayuso puede ganar ampliamente y quedarse, sin embargo, a uno o dos diputados de gobernar sola.
Con 72 escaños tendría mayoría propia.
Con 71 seguiría siendo la clara vencedora de las elecciones, pero VOX podría tener la llave.
VOX no necesita derrotar a Ayuso
Esta es probablemente una de las claves más importantes de 2027.
VOX no necesita superar al PP.
Ni siquiera necesita aproximarse electoralmente a Ayuso.
Su objetivo puede ser bastante más sencillo: conseguir que el PP quede por debajo de la mayoría absoluta.
Si Ayuso consigue 70 o 71 diputados en una Asamblea de 143, habrá ganado las elecciones de forma contundente, pero el escenario político será completamente diferente al actual.
VOX podría volver a ser necesario para la investidura, para los presupuestos o para determinadas grandes decisiones parlamentarias.
Y los sondeos muestran que ambas cosas pueden suceder simultáneamente: un PP muy fuerte y un VOX también creciendo.
Una encuesta de Data10 realizada en junio situó al PP en el 50,3% y a VOX en el 9,2%, frente al 47,32% y 7,34%, respectivamente, obtenidos en 2023.
Por eso Ayuso no puede limitar su estrategia a ganar.
Tiene que ganar lo suficiente.
La participación: más votantes no significa necesariamente más mayoría
Aquí aparece otro dato fundamental.
Existe la tentación de pensar que Ayuso necesita una participación elevada para conseguir otra mayoría absoluta.
La experiencia reciente demuestra que no necesariamente es así.
En 2021 participó el 71,73% del electorado madrileño. Votaron 3.667.806 personas.
El PP consiguió entonces 1.631.608 votos, el 44,75% y 65 diputados.
No tuvo mayoría absoluta.
En 2023, en cambio, la participación cayó hasta el 65,49%: votaron 3.413.819 personas, casi 254.000 menos que dos años antes.
Y Ayuso consiguió 1.599.186 votos, el 47,32% y 70 diputados.
Esta vez sí logró la mayoría absoluta.
El contraste es revelador.
2021: 71,73% de participación y sin mayoría absoluta.
2023: 65,49% de participación y mayoría absoluta.
Por tanto, Ayuso no necesita necesariamente que vote más Madrid.
Necesita que no se queden en casa los suyos.
La pregunta no es cuántos votan, sino quiénes
Una participación del 70% podría beneficiar al PP.
Pero también podría perjudicarlo.
Todo dependerá de qué electorado se movilice.
Si el incremento de participación procede fundamentalmente de abstencionistas de izquierda, jóvenes movilizados contra el Gobierno regional o votantes que terminan eligiendo PSOE o Más Madrid, Ayuso podría conseguir incluso más votos absolutos que en 2023 pero reducir su porcentaje.
Si, por el contrario, conserva aproximadamente los 1,6 millones de votos obtenidos en 2023, recupera parte del electorado que pueda marcharse hacia VOX y añade nuevos votantes, puede alcanzar la mayoría absoluta aunque la participación general apenas aumente.
Por eso la estrategia no debería ser simplemente:
“Tiene que votar más gente”.
Debería ser:
“Tiene que volver a votar nuestro electorado”.
El gran peligro puede no estar en el PSOE, sino en la abstención y VOX
El riesgo más plausible es otro.
Que una parte se quede en casa.
Que otra parte considere asegurada la victoria del PP y no tenga la misma motivación que en anteriores elecciones.
Y que otra parte decida votar a VOX.
Separadamente, ninguno de esos movimientos tiene por qué modificar quién gana las elecciones.
Juntos, sin embargo, podrían decidir si Ayuso obtiene 73 diputados o 70.
Y esa pequeña diferencia cambiaría completamente la legislatura.
La conclusión es clara: el PP no necesita únicamente conquistar nuevos votantes; antes debe blindar a los que ya tiene.
Ayuso corre más que muchos candidatos municipales del PP
Existe además otra batalla que se celebrará el mismo día: las municipales.
Los resultados de 2023 mostraron una diferencia considerable entre la papeleta autonómica del PP y las candidaturas municipales populares en varias de las principales ciudades de Madrid.
En Fuenlabrada, Ayuso alcanzó el 36,35%, mientras el PP municipal consiguió el 24,37%.
En Alcalá de Henares, 44,04% frente a 35,54%.
En Parla, 36,42% frente a 30,55%.
En Leganés, 37,39% frente a 31,70%.
En Móstoles, 42,76% frente a 37,37%.
En Alcorcón, 43,42% frente a 38,79%.
Y en Getafe, 37,79% frente a 33,58%.
La conclusión parece sencilla:
existe un voto Ayuso que supera claramente al voto municipal del Partido Popular.
Pero puede haber algo más.
¿Cuántos votos de los candidatos municipales son realmente suyos?
La comparación entre ambas elecciones tiene una limitación importante.
No podemos considerar automáticamente que todo el porcentaje obtenido por el candidato municipal pertenece exclusivamente a su fortaleza electoral.
¿Por qué?
Porque autonómicas y municipales se celebran simultáneamente.
El elector recibe papeletas diferentes y puede elegir partidos distintos, pero una parte de los ciudadanos no realiza necesariamente dos decisiones políticas completamente independientes.
Podemos imaginar tres tipos de votantes.
El primero quiere conscientemente a Ayuso como presidenta y al candidato del PP como alcalde.
El segundo acude a las urnas fundamentalmente movilizado por Ayuso y termina introduciendo también la papeleta municipal popular.
El tercero vota a Ayuso, pero divide su voto y elige a otra formación en las municipales.
Los resultados agregados no permiten saber exactamente cuántos pertenecen a cada grupo.
Pero políticamente la cuestión es extraordinariamente importante.
Porque significa que parte del voto municipal del PP puede ser también voto prestado por Ayuso.
La diferencia puede ser mayor de la que vemos
Supongamos un municipio donde Ayuso consigue el 40% y el candidato municipal popular el 32%.
La interpretación más sencilla sería afirmar que ese candidato posee un 32% propio y Ayuso añade ocho puntos.
Pero no sabemos si realmente sucede así.
Dentro de ese 32% puede haber varios puntos de electores que introdujeron la papeleta municipal del PP fundamentalmente porque acudieron movilizados por Ayuso.
Por tanto, el voto estrictamente asociado al candidato local podría ser inferior.
Y si eso ocurre, la distancia real entre la fuerza electoral de Ayuso y la de algunos candidatos municipales sería incluso mayor que la reflejada oficialmente por las urnas.
Fuenlabrada representa perfectamente esa incógnita.
Ayuso consiguió allí un 36,35% y la candidatura municipal popular un 24,37%.
Son casi doce puntos de diferencia.
Pero incluso dentro de ese 24,37% podría existir voto procedente del arrastre autonómico.
La pregunta que debería hacerse el PP es incómoda pero necesaria:
¿Qué resultado habría obtenido ese candidato municipal sin Ayuso movilizando simultáneamente al electorado popular?
No puede responderse exactamente con los resultados agregados.
Pero merece ser estudiado antes de 2027.
Ayuso puede estar disputando dos elecciones al mismo tiempo
Esta es probablemente una de las grandes fortalezas electorales del PP madrileño.
Ayuso no solo consigue votos para ella.
También puede ayudar a conseguirlos para los candidatos municipales.
En aquellos municipios donde el cabeza de lista popular tiene menos notoriedad, la presidenta regional puede funcionar como una auténtica locomotora electoral.
El problema para el PP aparece cuando la locomotora tiene que tirar prácticamente sola del tren.
Por eso la estrategia municipal de 2027 no debería consistir simplemente en esperar a que Ayuso visite Getafe, Fuenlabrada, Parla o Leganés quince días antes de las elecciones.
Los candidatos necesitan llegar a la campaña con marca propia, conocimiento público, agenda política, propuestas reconocibles y liderazgo local.
El objetivo debería ser que el ciudadano piense:
“Quiero a Ayuso como presidenta y también quiero a este candidato como alcalde”.
No simplemente:
“Voy a votar a Ayuso y pongo también la papeleta municipal del PP”.
Parece una diferencia pequeña.
Puede decidir varias alcaldías.
El Sur debería estar en el centro de la estrategia
Si el PP quiere ampliar su espacio electoral, una parte importante de la batalla está en las grandes ciudades metropolitanas.
Getafe.
Fuenlabrada.
Parla.
Leganés.
Alcorcón.
Móstoles.
Y, hacia el este, Alcalá de Henares.
Son territorios con una enorme concentración de electores y donde Ayuso ya demostró que puede conseguir resultados superiores a los de las candidaturas municipales populares.
Allí existe una doble oportunidad.
Sumar votos autonómicos para alcanzar los 72 diputados y transformar votantes de Ayuso en votantes conscientes de los candidatos municipales del PP.
No basta con llevar a Ayuso al Sur.
Hay que aprovechar su fuerza para construir candidatos que después puedan caminar solos.
Ayuso contra Sánchez funciona, pero 2027 necesitará algo más
La confrontación con Pedro Sánchez ha sido uno de los grandes motores políticos de Ayuso.
Le permite nacionalizar las autonómicas, movilizar a una parte muy importante de su electorado y presentarse como contrapoder frente a La Moncloa.
Y seguramente continuará siendo una pieza central de su estrategia.
Pero tiene un límite.
El votante profundamente contrario a Sánchez ya está, en gran medida, convencido.
Para crecer más, Ayuso necesitará que la campaña vuelva también a los problemas cotidianos de Madrid:
vivienda, sanidad, transporte, seguridad, impuestos, empleo y coste de vida.
De hecho, en el Debate del Estado de la Región de este 10 de septiembre Ayuso ha vuelto a combinar precisamente esos dos planos: confrontación política con Sánchez y anuncios de gestión, entre ellos nuevas actuaciones sobre Metro y transporte.
Ese probablemente sea el modelo que veremos camino de 2027.
Una Ayuso nacional frente a Sánchez.
Y una Ayuso regional defendiendo gestión.
La confrontación moviliza al votante convencido. La gestión puede conquistar al que falta.
La estrategia para llegar a 72
Ayuso debería trabajar sobre varios frentes simultáneamente.
El primero es blindar aproximadamente los 1,6 millones de votos de 2023. Antes de conquistar nuevos electores, debe evitar la desmovilización de los que ya la respaldaron.
El segundo es entender que no necesita necesariamente elevar la participación general. Lo fundamental es elevar o conservar la participación entre su propio electorado.
El tercero es contener a VOX sin convertirse en VOX. Necesita responder a cuestiones que preocupan a ese electorado, pero conservar una identidad política propia capaz de mantener también a votantes de centro y centroderecha.
El cuarto es convertir las grandes ciudades del Sur en prioridad política, no solamente durante la campaña sino durante el año previo.
El quinto es transformar voto Ayuso en voto municipal consciente.
Y el sexto consiste en conseguir que los candidatos municipales construyan suficiente fortaleza propia como para que Ayuso sea su acelerador y no su único motor electoral.
La paradoja de 2027: Ayuso puede ganar más y mandar menos
Este podría ser el escenario más paradójico de las próximas elecciones.
Ayuso podría superar el 47,32% de 2023.
Podría conseguir más votos.
Podría volver a acercarse al 50%.
Podría ganar al segundo partido por una distancia enorme.
Y aun así podría perder la mayoría absoluta.
Porque una elección parlamentaria no se mide únicamente por cuánto se derrota al segundo.
También importa dónde cae el último diputado necesario para gobernar solo.
En 2027 ese escaño puede ser el número 72.
Y entre el diputado 71 y el 72 hay mucho más que un escaño.
Está la diferencia entre gobernar sola o tener que negociar con VOX.
Ganar Madrid ya no parece ser el verdadero desafío
Ayuso ha demostrado que puede ganar Madrid.
La pregunta para 2027 es cómo lo ganará.
Su estrategia debería partir de una realidad: su principal enemigo electoral quizá no sea una espectacular recuperación de la izquierda.
Puede ser una combinación bastante más silenciosa:
abstención entre algunos votantes populares, crecimiento de VOX y pérdida de unos pocos puntos suficientes para dejar al PP por debajo de la mayoría absoluta.
Simultáneamente, el PP tiene una extraordinaria oportunidad municipal.
Ayuso consigue en numerosas ciudades más votos que sus propios candidatos locales y, probablemente, además les presta una parte de los que sí consiguen.
Por eso el Partido Popular madrileño debería hacerse dos preguntas antes de 2027:
¿Cuántos de nuestros 1,6 millones de votantes volverán a las urnas?
Y:
¿cuántos votos de nuestros candidatos municipales son realmente propios y cuántos se los está prestando Ayuso?
La respuesta a la primera puede decidir la Comunidad.
La segunda puede decidir algunas de las principales alcaldías madrileñas.
Ayuso no necesita necesariamente que vote más Madrid: necesita que no se queden en casa los suyos. Y ganar ya no será suficiente. La auténtica batalla de 2027 será alcanzar los 72 diputados antes de que VOX consiga quedarse con la llave.




